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asesoría contable en Madrid

Mejor no heredar que arruinarse

Según los datos del Consejo General del Notariado, el año pasado 34.267 herederos (un 9,5%) que recibió una herencia optó por su renuncia al no poder afrontar  el Impuesto de Sucesiones y Donaciones. Como asesoría contable en Madrid te contamos todo lo que deberías saber sobre este gravamen y cuál es la realidad palpable ante la posibilidad de recibir una herencia.

 

Aunque, oficialmente, el gravamen nunca puede ser superior a la cantidad heredada, las CCAA cobran ese tributo basándose en el valor catastral de los inmuebles. Si esta tasación se hizo cuando las viviendas estaban a precios máximos, el resultado supera el valor actual de mercado. Este desajuste conlleva a un exceso impositivo.

 

En segundo lugar, las herencias muchas veces consisten en propiedades ilíquidas, mientas que los impuestos se exigen en dinero contante y sonante. Cuando la demanda está tan deprimida como es el caso de los últimos años, se puede llegar a malvender la propiedad heredada.

 

También se da el caso de aquellas propiedades, que por tener un valor sentimental, los herederos se muestran más proclives a aceptar un patrimonio al excesivo precio que marca el catastro.

Pero a la Agencia tributaria poco le importa esto. Por eso Motivo por el cual el excesivo gravamen a veces consigue el efecto contrario. Según el Consejo General de Economistas, algunas comunidades autónomas llegan a gravar una herencia de 800.000 euros con unos 164.000 euros en impuestos. En el otro extremo hay CCAA que tiene este impuesto en tipos reducidos y esta bonificada para los familiares. Estos casos la tributación por la misma cantidad del ejemplo anterior, apenas ascendería a 1.600 euros. De esa manera se entiende que en aquellas CCAA donde la tributación es mucho más  baja, la cantidad de renuncias a la herencia sea la mitad.

 

Desde CEESAqueremos señalar que lo peor es que una tributación elevadísima supone un coste extra a la función pública. Cuando el primer heredero no acepta la herencia, la Administración tiene que buscar a los demás, para que decidan si se quedan ese patrimonio o no. Una vez que todos han formalizado la renuncia, se ponen en subasta los bienes. Al final, muchas veces se malvenden y se ingresa menos que lo que se habría obtenido con impuestos razonables.

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